Necessary force

People who are abusive only use the amount of force necessary to maintain dominance in their relationship.

When I say this to someone, I often see them pause in their reaction. Most people imagine that abusive people are out of control, or lash out when angry. And that the use of physical abuse―like hitting, slapping, punching, or forcing sex―is frequent and consistent over the length of the relationship. From that perspective, the idea that they “only use the amount of force necessary” doesn’t make sense.

But survivors tell me that their partners are often manipulative and violent in ways which do not include physical violence. No matter how an abuser’s behavior looks to an outsider, their tactics are deliberate. Like embarrassing a partner at a party or undermining their participation in religious activities. Or sabotaging a survivor’s connection with their child. Taking a child and disappearing for a couple of days is an effective way exert control over a partner. Also charming other people to get them on the abuser’s side, like the abusive partner I heard of who gratefully and coolly greeted law enforcement with “oh, I see you’re here to help me with my wife. She’s disoriented because she’s been in a car accident.”

Abuse can be pressuring a partner to have sex to prove their commitment to the relationship. Or asking a partner not to call friends or family because it interferes with their relationship―a subtle way to isolate someone. And if that doesn’t work, scaring friends or threatening a family member until the survivor returns to the relationship.

Any time we question a survivor―it doesn’t seem that bad, you say he doesn’t hit you, he doesn’t seem out of control―it gives the abusive person even more power. When we really listen to and believe a survivor’s experience, we take power away from the abuser. It’s one thing we all can do to make a difference for survivors and their children.

Nine things to know

Nueve cosas a saber

Cuando el NO de tu niña/o se transforma en silencio (When your child’s NO becomes silence)

Esta blog fue escrito con Leah Holland de la Coalición de Programas de Asalto Sexual de Washington.

Where-We-Live_web-1Casi un año atrás estuve presente en una reunión de amigos en donde se encontraba este hombre, muy querido por el grupo, jugando un juego  con las hijas del vecino. Me informaron que el juego sucedía cada vez que el veía a estas niñas. Este hombre ya en sus avanzados veintes corría detrás de las niñas y las colgabas de cabeza para abajo. La niña de seis años  parecía estar divirtiéndose al principio del juego pero la niña de diez lo empujaba y le decía que se mantuviera alejado. El hombre ignoraba el mensaje directo de la niña (como si no significara si) y continuaba el juego. Yo le pedí a la pareja del hombre que le comunicara a él que la niña estaba tratando de hacer respetar su cuerpo. Ella no disfrutaba del juego y parecía que la niña de seis años estaba irritándose también. La pareja de este hombre me respondió que ella ha estado tratando de explicarle que el juego no les parecía divertido a las niñas, pero también agrego que “todo los niños/as lo amaban y lo consideraban el mejor tío del mundo.” Eso fue lo último de nuestra conversación.

¿Que podría haber hecho y dicho yo acerca de esta situación con el objetivo de comunicar un concepto muy complejo a todos los/as tíos, tías, padres y hermanos con buenas intenciones que se encontraban allí? Yo no intervine directamente y sabía que el grupo con el que estaba, consideraba ese comportamiento culturalmente aceptable. Tampoco quise decir algo  en frente de la pareja de este hombre que podría haber sido tomado como un intento de sexualizar lo que estaba pasando, pero tuve influencia sobre ella para que convenciera a su pareja de que parará el juego con las niñas (aunque le llevo muchos intentos). Esta situación me puso a pensar seriamente acerca de la importancia de intervenir cuando vemos que hay niños/as pasando por situaciones como ésta.

Como adultos es fácil de olvidarnos de que la manera que los adultos respectaron o no nuestros límites personales  cuando éramos niños/as tiene un impacto durante toda nuestra vida. Las conversaciones con los niño/as acerca de los límites personales parecen ser mas populares cuando los padres dicen a sus hijos que no se dejen tocar por extraños “allá abajo.” ¿Pero que hay acerca de decirles a los niños que no toquen a otros niños cuando éstos no quieren ser tocados? ¿Decirle a los niños que está bien el no besar, abrazar o apretar las manos de alguien si ellos no lo desean? ¿Decirles a los niños de que cuando ellos sean adultos tienen que respetar los límites personales de los niños/as que no quieren jugar juegos donde los cuelgan de cabeza hacia abajo? Complicando las cosas un poco más, es difícil de pensar que los adultos que conocemos estén, sin intención alguna, haciendo  a  un niño/a más vulnerable a la coerción sexual en el futuro con el hecho de ignorar sus voces ahora. Este mensaje es comunicado con más fuerza a las niñas. Las niñas son frecuentemente criadas para ser calladas, sumisas y complacientes.

¿Parecería que las niñas presente en esta reunión están siendo criadas con la confianza para decir cuándo algo no les agrada, pero cuanto tiempo continuaran pensando que tienen este derecho si sus voces son constantemente ignoradas por los adultos? ¿Cuánto tiempo tomara hasta que sus voces de NO se transformen en silencio? ¿Si ellas están viendo que si alguien con más poder quiere acceso a sus cuerpos, lo obtiene, cómo podrán ellas hablar de consentimiento con sus parejas en el futuro? ¿Cómo podrán ellas reconocer coerción?

¿Entonces qué podemos hacer? Podemos enseñar a nuestros niños a que pregunten antes de abrazar a alguien y pedir que otros adultos no insistan que un niño/a les den un beso, pero no podemos ser los únicos adultos trabajando en contra de la cultura normativa que devalúa las voces y los derechos de los niños/as. Ya sea que ocurra en el grupo de iglesia, grupo de chicas y chicos scouts, o pequeñas ligas organizadas, nosotros podemos acercarnos a otros adultos para hablar acerca de que podemos hacer para empoderar a los niño/as a que usen sus voces, pero también hacer responsables a los adultos cuando vemos comportamientos potencialmente problemáticos. Así, ayudamos a los niño/as desarrollar buenos  límites personales y también  cambiar las normas culturales que facilitan que el abuso sexual de niños/as continúe.

La Coalición de Programas de Asalto Sexual de Washington, está apoyando un plan de enseñanza de prevención de asalto sexual de niño/as, Donde Vivimos (Where We Live), que está diseñado a enseñar a los adultos a reconocer comportamiento preocupante y a intervenir de manera efectiva para mantener seguro a los niño/as. Donde Vivimos específicamente se enfoca en comportamientos “luz amarilla” que no son explícitamente abusivos pero que pueden ser señales de comportamiento predatorio o falta de respeto por los derechos y límites personales de los niño/as. Donde Vivimos es gratis y descargable a través de la Coalición en contra de la Violación de Pennsylvania. ¡Revíselo y díganos su opinión!

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This post was co-authored with Leah Holland with the Washington Coalition of Sexual Assault Programs.

About a year ago I was attending a gathering where this man, well-liked by the group I was with, was playing a game with the neighbor’s children. I came to find out this happens every time he saw these girls. The man, who is well into his late twenties, would run after the two girls, catch them, and lift them upside down. The six year old was finding it amusing at first, but the ten year old would push him away and tell him to stay away. He would disregard her strong message (taking her no as a playful yes) and continue the game. I asked the man’s partner to communicate to him that the girl was trying to tell him to respect her boundaries. She did not enjoy the play and it seemed that the six year old was becoming increasingly annoyed as well. His partner replied that she has been trying to get him to understand that what he was doing to these two girls was not funny to them, but she also added that “all the children love him and consider him the best uncle in the world.” The conversation was left at that.

What could I have done and said about the situation to communicate a very complex concept to the many well-intentioned uncles, aunts, parents, and siblings who were there? I did not intervene directly and I knew the group found this behavior culturally acceptable. I did not want to say something that could be construed as me sexualizing the situation. I enlisted his partner to get him to stop the game (though it took her many attempts). This situation really got me to think seriously about why it is important that we do intervene when we see things like this happening to children.

As adults it is easy to forget that the way people respected (or didn’t) our boundaries as children, directly impacts us throughout life. Conversations with children about boundaries seem to be popular when it is parents telling children not to let strangers touch them “down there.” But what about telling children not to touch other children when they don’t want to be touched? Telling children that it is ok not to want to kiss, hug, or shake someone’s hand if they don’t want to? What about telling children that when they grow up to be adults they need to respect the boundaries of children who don’t want to play upside down games? To further complicate things it is hard to think that adults we know may be unintentionally making a child more vulnerable to sexual coercion in the future by ignoring their voices now. This message is conveyed even stronger to girls. Girls are often raised to be quiet, obedient, and accommodating.

It seems like the girls at this gathering are being raised to feel confident in saying no when they do not like what is happening, but how long will they feel that  they have this right if their voices are constantly ignored by adults? How long will it take for them to quit saying NO and just stay silent? If they are being shown that when someone with more power wants access to their bodies they get it, how will they be able to talk about consent with their partners in the future? How will they be able to recognize coercion?

So where does this leave us? We can teach our children to ask before they hug someone, and ask adults not to insist a child give them a kiss, but we can’t be the only adults working against the cultural norm of devaluing the voices and rights of children. Whether it’s a church group, Girl or Boy Scouts, or Little League, we can bring adults together to talk about what we can do to empower kids to use their voices, but also hold adults accountable when we see potentially problematic behavior. Not only will this help children develop good boundaries, but it can also change the cultural norms that allow child sexual abuse to continue.

The Washington Coalition of Sexual Assault Programs  is piloting a child sexual assault prevention curriculum, Where We Live that is designed to teach adults to recognize concerning behavior and intervene effectively to keep kids safe. Where We Live specifically focuses on “yellow light” behaviors that are not explicitly abusive but may be signs of grooming or a lack of respect for children’s rights and boundaries. Where We Live is free, and downloadable from the Pennsylvania Coalition Against Rape. Check it out and tell us what you think!